LAS HUELLAS DE UNA HISTORIA QUE RECORRE EL TIEMPO

El sábado por la tarde se presentó soleado y con una temperatura agradable. Una jornada primaveral en el sudeste del Gran Buenos Aires, ideal para un paseo, a la espera del Día de la Madre, que se celebraba al día siguiente. Los vecinos y vecinas se reunieron primero en el Parque del Fútbol, en Colón 950, con el estadio Juan Domingo Perón del Racing Club como telón de fondo. Es que se encontraban en el corazón de Avellaneda, la ciudad que por iniciativa propia se define como la “Capital Nacional” de ese deporte.

Desde allí, con un bus del área de Turismo de la Municipalidad local, el contingente se dirigió al destino final de la excusión: el templo de la logia masónica “Aureola” en Villa Domínico, situado en avenida Mitre, entre General Otero y Altoaguirre, a unas tres cuadras del arbolado parque de dicha localidad.

Los pioneros de la masonería en Avellaneda. Foto: Logia Aureola de Villa Domínico.

El objetivo de esta actividad –gratuita, pero con inscripción previa ya que los cupos eran limitados- era develar los mitos de la Masonería en Avellaneda, por lo que los visitantes ingresaron al templo y recibieron una visita guiada por parte de integrantes de la logia Aureola.

“Realizamos un recorrido en bus para descubrir la huella de la masonería en Avellaneda, rescatando su historia, sus ideas y valores”, indicaron desde Turismo, que agradeció a Aureola por abrir sus puertas a la comunidad.

La denominada “Sociedad de Beneficencia Aureola de Dominico” fue fundada el 8 de agosto de 1917, por lo que en 2025 cumplió 108 años. El frente del templo –construido en 1925- es angosto y la fachada está pintada de colores pasteles, entre los que predominan el beige y el marrón claro, excepto en las rejas que protegen el tapial delantero que da a la vereda, y que son de un tono más oscuro. El edificio está mirando al poniente, por lo que la actividad se desarrolló con las primeras sombras del atardecer, lo que le dio un tinte más misterioso.

La fachada actual del mismo templo. Foto: Logia Aureola de Villa Domínico.

¿QUÉ ES LA MASONERÍA?

Los propios masones cuentan que se trata de una historia sin fecha de nacimiento, construida con símbolos. Es una tradición que fue tomando forma en distintas épocas, desde aquellas primeras personas que tallaban en piedra buscando el sentido profundo de la vida. Lo que alguna vez fue la construcción de templos se convirtió en el arte de buscar permanentemente la mejora personal. A través de los siglos, la masonería cambió, se adaptó y creció. Pero conservó su esencia: trabajar por la verdad, el conocimiento y el bien común.

Los símbolos antiguos siguen vivos, no como reliquias, sino como herramientas. No es una forma nostálgica de referirse al pasado, sino de observar el presente y proyectar el futuro.

Uno de los símbolos de la masonería. Foto: Gran Logia Argentina.

En Buenos Aires, las primeras noticias sobre la masonería datan de fines del siglo XVIII. La primera logia en territorio argentino fue la Logia Independencia, con protocolos de autorización otorgados en 1795 por la Gran Logia General Escocesa de Francia. 

Con ese mismo nombre de “Logia Independencia” apareció en 1810, en coincidencia con la etapa de la Revolución de Mayo, otra logia, presidida por Julián Álvarez, pero que no continuó demasiado como su anterior homónima. Sin embargo, fue la que suministró los elementos básicos para la constitución de la Logia Lautaro, de 1812, con la cual se inició la historia más importante de la masonería en la Emancipación argentina y contó con miembros que se convirtieron en próceres como el general José de San Martín y Manuel Belgrano.

En el tema masónico existe una gran dificultad para lograr documentos y pruebas concretas, algo propio de las sociedades cerradas o secretas, a lo que se sumaron las políticas represivas empleadas en su contra por tratarse de una herramienta clave de la revolución democrático-burguesa contra el absolutismo de aquella época. De hecho, en la gesta de Tucumán en 1816, entre las voces que alzaron la voz por la libertad había no solo principios republicanos sino también de la masonería.

Actualmente, en nuestro país existe la Gran Logia Argentina, la cual se constituyó el 11 de diciembre de 1857. Esta, a su vez, dio origen a diversas logias, uniendo a las que actuaban en Buenos Aires con las del interior del país.

En dicha histórica fecha se realizó un pacto de unión entre las logias “Unión del Plata”, “Confraternidad Argentina”, “Consuelo del Infortunio”, “Tolerancia”, “Regeneración”, “Lealtad” y “Constancia”, eligiendo como Gran Maestre al doctor José Roque Pérez, un jurista notable, diplomático, filántropo y humanista, Pérez, junto a otros cofrades, en su mayoría médicos -como Manuel Gregorio Argerich-, murieron socorriendo a los enfermos durante la epidemia de fiebre amarilla de 1871 que mató al 8% de la población de aquellos tiempos.

En su obra “La fiebre amarilla”, el pintor uruguayo Juan Manuel Blanes representó a Roque Pérez y Argerich junto a un adolescente, trasponiendo el portal de una casa, en la que aparecen una mujer en el suelo, muerta, y su bebé gateando en busca de socorro.

La obra de Blanes. Foto: Museo Nacional de Artes Visuales de Uruguay.


Y en cuanto al territorio del Gran Buenos Aires, la Gran Logía Argentina promociona un total de 50, seis de las cuales funcionan en la misma sede de avenida Mitre 4532, de Villa Domínico. Además de la Areola figuran “Benito Juárez”, “Hijos de Quilmes”, “Armonía de Florencio Varela”, “Leandro N. Alem” y “Raúl Ricardo Alfonsín”. Además, en la zona hay otras cinco logias activas en el vecino partido de Lomas de Zamora; lo que demuestra el gran desarrollo que ha tenido y sigue teniendo la masonería en la región.


AA




Comentarios