DISFRACES, BAILES Y MÚSICA A TRAVÉS EL TIEMPO
No era un domingo cualquiera. Las familias enteras salían a la calle después de almorzar a compartir una tarde especial en comunidad. Con bombitas de agua, baldes, mangueras y pomos de espuma en sus manos. Las casas quedaban abiertas de par en par, se entraba y salía constantemente. No había rejas, cámaras de seguridad ni alarmas. Tampoco asfalto, solo tierra que se convertía en barro. Los autos de los adultos quedaban estacionados sobre las veredas, mientras los más chicos iban corriendo o en bicicletas. Las mojadas era un divertimento, aunque, en ocasiones, ocurrían ciertos excesos y las bromas se tornaban en un asunto serio cuando, por ejemplo, alguien se quedaba sin agua y recurría a la zanja. Los reproches y enojos también ocurrían en los días previos, cuando los varones jóvenes empapaban a una mujer que estaba yendo o viniendo de trabajar. Mientras que el sábado a la noche todo era alegría con los desfiles de corsos y murgas en la avenida principal más cercana. Esta postal ya no ...