UNA FIESTA COLORIDA DE TRADICIÓN Y NATURALEZA
“Entre los mejores de la provincia”. Así celebran los productores de frutilla de Florencio Varela que, desde hace más de dos décadas, celebran cada año su tradicional actividad junto a los vecinos y vecinas. Este 2 de noviembre no fue la excepción cuando se llevó a cabo una nueva edición de la “Fiesta de la Frutilla” en el Museo Provincial “Enrique Hudson”, en dicho partido del sur del Gran Buenos Aires.
A pesar de la lluvia que sorprendió bien temprano por la mañana del domingo, la fiesta se extendió desde las 10 y hasta pasadas las 18, con entrada libre y gratuita, música en vivo, espectáculos artísticos, talleres, food trucks y ferias.
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| La frutilla, la estrella de la fiesta. Foto: Museo Provincial Hudson. |
El predio del museo es sumamente amplio y verde, como un inmenso parque público, tal y como le encantaba al propio Hudson, un apasionado por la naturaleza, entre otras cualidades destacables de su legado, siempre vigente.
Muchos de los asistentes -jóvenes, adultos y familias enteras- llevaron sus manteles, heladeritas, mochilas y equipo de mate, se tendieron sobre el pasto o en sus propias reposeras y armaron un picnic entre los stands y gazebos de los puestos montados por los distintos productores, feriantes y organizadores.
También estuvo presente el intendente Andrés Watson, mientras que los show musicales comenzaron alrededor del mediodía, ya bajo un cielo mayormente despejado, con “Juanma y Brenda”, “Alejo y los Pasteles Verdes”, y “Duet”.
Al promediar el evento, cerca de las 15, se llevó a cabo "Cancionistxs", un ciclo itinerante y multidisciplinario que busca promover la cultura y la identidad bonaerense a través de diversas expresiones artísticas. Además de la música en vivo y en formato acústico, hubo dibujo, pintura, poesía, teatro, danza, fotografía y proyección de cortometrajes.
Este es un ciclo que depende de Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, recorre los 135 municipios bonaerenses y se lleva a cabo en centros, museos y espacios al aire libre, con la participación de artistas locales y regionales.
Luego continuaron los shows con “Simplemente Románticos”, “Morenada Rebeldes sin Fronteras” y el cierre a cargo de “Tropilleros”, una reconocida agrupación folclórica local con 10 años de trayectoria.
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| Una gran cantidad de público disfrutó de las actividades al aire libre. Foto: Varela Municipio. |
El Museo Hudson está situado en calle 1356, entre avenida Hudson y 1381, de Villa San Luis, una zona rural de Florencio Varela. Está abierto al público desde 1967 y su temática se centra en rendir homenaje al gran escritor y naturalista nacido en esos pagos. De hecho, parte del patrimonio material es la casa natal de Hudson, un antiguo rancho construido a finales del siglo XVIII. Además, hay libros autografiados, documentos, cartas, objetos personales y arqueológicos vinculados a la vida del escritor.
La casa natal se edificó dentro de la estancia “Los Veinticinco Ombúes” y actualmente está rodeada por 54 hectáreas, donde se pueden observar pastizales de gramíneas, montes de espinal, talares, los arroyos Conchitas y Santo Domingo, ejemplares de flora y fauna nativa; y, en particular, una variedad de más de ciento cincuenta especies de aves autóctonas.
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| El antiguo rancho convertido de la estancia. Foto: Museo Provincial Hudson.. |
Se trata de un espacio que apuesta fuertemente a las actividades educativas para fomentar, entre otras cuestiones de interés cultural, la conciencia ambiental y el aprecio por la biodiversidad. Ofrece visitas guiadas hay juegos, lecturas de cuentos, proyección de videos y plantación de nativas para alumnos de los jardines de infantes y escuelas de la zona y los alrededores. Uno de los temas tratados recurrentemente es, por ejemplo, el fascinante ciclo de vida de las mariposas y su rol esencial en los ecosistemas.
También hay visitas para adultos, familias e investigadores y cuenta con un Arboretum de nativas, el cual siempre se busca poner en valor a través de actividades recreativas que inviten a participar a la comunidad como las celebraciones del Día de la Pachamama, en agosto; y el Día Mundial de la Protección de la Naturaleza, en octubre.
A su vez, el Hudson articula constantemente con el Museo Comunitario de Artes Visuales e Histórico de Florencio Varela, con el que llevó a cabo, entre agosto y septiembre, dos muestras: “Hudson, el naturista varelense”, una exposición de obras del escritor que refleja el paisaje pampeano; y “Relatos silvestres”, una serie de ilustraciones de la artista Irene Bahrens sobre la flora, fauna y funga de nativas del centro argentino.
UN LEGADO EXCEPCIONAL
En agosto pasado se cumplieron 184 años del nacimiento de Guillermo Enrique Hudson, quien llegó al mundo en la estancia “Los Veinticinco Ombúes”, ubicada en el entonces partido de Quilmes, hasta que en 1891 se creó el partido de Florencia Varela. Sus padres, Daniel Hudson y Carolina Augusta Kimble, eran de origen norteamericano y se habían radicado en nuestro país en 1833.
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| Guillermo Enrique Hudson. Foto: Museo Provincial Hudson. |
Fue el cuarto hijo del matrimonio y después de vivir en Chascomús, recorrer Chaco, Uruguay y Brasil, y de regresar a su estancia varelense, en 1874 se radicó en Londres. En la capital británica se casó y comenzó a publicar sus obras, siendo “Allá lejos y hace tiempo” la más reconocida.
Siguió publicando hasta su muerte, la cual se produjo el 18 de agosto de 1922 en Worthing, un pueblo costero sobre el Canal de la Mancha, unos 80 kilómetros al sur de Londres, y sus restos descansan en el cementerio local.
Finalmente, y a modo de homenaje, el 7 de noviembre de 1930 se nombró “Hudson” a la estación “Conchitas” del ferrocarril, en la actual localidad berazateguense que también lleva el apellido del escritor y naturalista.
“Sólo sé que el mío es un caso excepcional; que el mundo visible es para mí más hermoso e interesante que para la mayoría de la gente, que el placer experimentado en mis comuniones con la Naturaleza no se ha esfumado nunca, si bien dejó un recuerdo de felicidad desaparecida, para intensificarse por contraste, en un dolor presente”, escribió en las últimas líneas de su recordado libro autobiográfico, el cual fue traducido al español y se convirtió en un clásico de la literatura latinoamericana.
Y concluyó: “La felicidad no la perdí jamás debido a aquella facultad de la que ya he hablado, tenía un efecto acumulativo y era de nuevo mía. Así fue que, en mis peores días, en Londres, cuando estaba obligado a vivir alejado de la Naturaleza por largos períodos, enfermo, pobre y sin amigos, yo podía siempre sentir que era infinitamente mejor ´ser, que no ser´.”




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