AVENTUREROS VASCOS, TRENES, CARNES Y 153 VELITAS
Un domingo algo nublado, pero con una temperatura agradable. Faltan pocos días para el inicio del verano y el fin del año. Un momento ideal para celebrar en comunidad. Así ocurrió este 7 de diciembre, cuando desde las 17 y con entrada libre y gratuita, se llevó a cabo la fiesta por un nuevo aniversario de la localidad de Ezpeleta, en el partido de Quilmes.
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| La estación Ezpeleta y sus alrededores en los 50´. Foto: Junta de Asuntos Históricos de Quilmes. |
Se trató de un festival en plena vía pública, en el cruce de avenida Centenario y la calle Chile, a pocos metros de la estación de trenes, en pleno centro comercial, donde se reunieron cientos de personas que recorrieron los puestos de artesanías, productos regionales y gastronómicos distribuidos sobre la calzada, especialmente decorada para la ocasión.
Pero antes, a las 9, se realizó el tradicional izamiento de la bandera nacional argentina en la Plaza San Martín, situada en Hipólito Yrigoyen y Carbonari, del otro lado de las vías y justo detrás de la terminal ferroviaria que le da el nombre a la localidad.
En el acto estuvo presente Eva Mieri, quien asumió recientemente como intendenta en lugar de Mayra Mendoza,; y representantes de la Comisión de Festejos local, instituciones educativas, sociales, culturales y centros de jubilados; al tiempo que se realizaron reconocimientos a vecinos y vecinas por sus tareas solidarias y compromiso con la ciudad.
Luego, ya por la tarde, hubo una serie de show musicales en el escenario principal, con muchos artistas locales. Mientras que el cierre de la noche estuvo a cargo del grupo tropical Los Charros.
| Las distintas autoridades en el izamiento de la bandera. Foto: Municipalidad de Quilmes. |
LOS PIONEROS
Si bien la ciudad de Quilmes es una de las más antiguas de la provincia de Buenos Aires (1666), Ezpeleta también tiene su pasado allá lejos en el tiempo y, a su vez, fue escenario de acontecimientos históricos para la zona. Por ejemplo, en el límite entre su jurisdicción y la vecina Berazategui, sobre la margen derecha del arroyo Giménez, se instaló una de los primeros establecimientos industriales de la región.
Se trató de la empaquetadora de carne Highland Scot Canning Company, conocida también como “la fábrica de carnes Nelson”, fundada en 1889, apenas un año después que la reconocida y aún vigente Cervecería y Maltería Quilmes.
La “Nelson” –esta denominación de debía a que su gerente se llamaba Don Hugo Nelson-sirvió para impulsar la radicación de todo un barrio obrero, pero en 1891 cerró porque sus desechos, calificados por la Intendencia como “emanaciones pútridas”, eran altamente contaminantes y perjudiciales para la salud.
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| La fábrica de carnes Nelson. Foto: Rodolfo Cabral. |
En su momento de esplendor, está fábrica faenaba dos mil animales por día y contaba con cerca de dos mil obreros, un quinto de la población de ese momento del pueblo de Ezpeleta.
LA ESTACIÓN
Si bien no hay una fecha exacta sobre la fundación del pueblo de Ezpeleta, la Municipalidad de Quilmes toma como nacimiento el año 1872, cuando pasó por esos pagos el tren que unía la ciudad de Buenos Aires con el puerto de Ensenada.
El origen del pueblo está estrechamente ligado a la familia de los Ezpeleta, provenientes de Oiartzun, en Gipuzkoa, País Vasco. Estos llegaron al país a finales del siglo XVIII –al igual que sus connacionales los Berasategui, que le darían el nombre al partido homónimo, aunque con “Z” en vez de “S”- de la mano de Salvador Joaquín de Ezpeleta, quien vivió principalmente en Santa Fe y Entre Ríos.
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| El vasco Salvador Joaquín de Ezpeleta. Foto: redes. |
Según la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, que declaró el aniversario de la fundación de la ciudad de “interés legislativo” durante la gobernación de María Eugenia Vidal, fue Mariano Ezpeleta quien luego compraría unos terrenos en Quilmes donde en 1828 instalaría una estancia.
Parte de esa tierra sería donada posteriormente por otro heredero de la familia, el teniente coronel Severo Ezpeleta, para que se construyese la estación de trenes que fue inaugurada en 1890. Y en 1891, ya con el trazado urbano, el pueblo fue nombrado con el apellido de sus pioneros vascos.
Formalmente, Ezpeleta fue declarada “ciudad” el 30 de agosto de 1973 y actualmente ocupa un territorio que de este a oeste se extiende desde el Río de la Plata hasta avenida Calchaquí y de norte a sur desde avenida José Hernández hasta avenida Florencio Varela. Y está rodeada por las localidades de Quilmes, San Francisco Solano, Florencio Varela y Berazategui.
La estación es uno de los puntos de referencia actual en la zona oeste de Ezpeleta y la bordea la avenida San Martín. Y sobre esta transitada arteria, frente al trazado de las vías se levantan otras dos instituciones centenarias: la parroquia Santa Teresita del Niño Jesús con su alto campanario que se puede ver a varias cuadras de distancia, y junto a esta, la Sociedad de Fomento Edilicio Cultural fundada en 1914.
EL CEMENTERIO
El lado este de Ezpeleta cuenta con otro de los sitios más antiguos del distrito y que también se conserva hasta la actualidad: el Cementerio Municipal. Ubicado sobre avenida Mitre y La Guarda, detrás suyo nace el arroyo Giménez que desemboca en el Río de la Plata.
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| El interior del Cementerio Municipal en Ezpeleta. Foto: El Quilmero. |
La entrada principal está sobre la calle La Guarda, cuyo nombre es una adaptación de “Lagourde”, el apellido de uno de los propietarios de las tierras que fueron adquiridos por Quilmes en 1867 para comenzar a construir un nuevo cementerio y atender las graves secuelas del brote de cólera de esa época. Y en 1873, después de sortear una serie de obstáculos, la Municipalidad finalmente se inauguró la necrópolis.
La primera entrada estaba cerca de la esquina de La Guarda y Mitre, tenía un estilo arquitectónico italiano, un atrio rectangular techado y altas arcadas en sus cuatro lados, uno hacia el interior del predio.
En 1881 se designó al primer guardián del cementerio y en 1889 se construyó la capilla.
Hoy ya no están las bóvedas originales, pero sí se conservan las callecitas internas que forman una especie de laberinto arbolado que transmite paz y tranquilidad.
AA




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