ESPECTÁCULOS "BRUTALES" Y ARTE A CIELO ABIERTO
“El espectáculo que más llama la atención al entrar a la isla, a pocos metros del puente del Riachuelo, es una guardia de veinte gigantes de acero muertos, amenazando el cielo con los brazos enredados de cadenas, abandonados, quizás, hasta la oxidación”, describía el gran escritor y periodista argentino Roberto Arlt en una de sus recordadas “Aguafuertes porteñas”, publicadas entre 1928 y 1942 en el diario El Mundo.
Este punto central en el mapa que contaba, según las propias palabras del autor, con una enorme riqueza en escenas “brutales” era, ni más ni menos, que la Isla Maciel, un barrio de la localidad de Dock Sud, en el partido de Avellaneda; que está ubicado a orillas del Riachuelo, frente a la costa de La Boca, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Si bien no se encuentra en una isla desde que a principios del siglo XX se entubó el arroyo que la separaba de tierra firme, la principal vía de acceso sigue siendo un puente que cruza el río. Muchas cosas cambiaron desde aquella época descripta por Arlt, como el paisaje predominante de “sauzales” y “cañaverales”, aunque otras se mantienen, como las “casas de chapa de zinc de dos pisos”, hoy pintadas de múltiples colores.
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| El Puente Transbordador y el Nicolás Avellaneda. Foto: Turismo MDA. |
El nombre de este barrio se debe al político santafesino Cosme Maciel, quien en 1824 se exilió de su provincia y se instaló al sur de la ciudad, donde compró los terrenos de la “isla” y se convirtió en su primer poblador y quien instalaría un astillero fundamental para el desarrollo de la zona.
En aquellos tiempos ni siquiera estaba formalmente constituida “El Docke”, que se fundó recién el 11 de noviembre de 1889, cuando comenzó la construcción del canal principal, que fue fundamental para el desarrollo industrial y portuario de la zona.
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| 1864: en el punto 4 de ve el arroyo Maciel, la desembocadura original en el Río de la Plata hasta la construcción del puerto de Dock Sud. Foto: Juan Manuel Huerga. |
El vínculo de este barrio con La Boca es sumamente estrecho y se ve reflejado en la arquitectura, principalmente, y en la figura del denominado “conventillo”, un inmueble típico a ambos lados del Riachuelo. Pero también está hermanado con San Telmo, cuyo club de fútbol, apodado “Candombero”, tiene su estadio justamente en los antiguos terrenos de Maciel, junto a la autopista Ricardo Balbín, que une Buenos Aires con La Plata y otros puntos del conurbano.
UN CLÁSICO TURÍSTICO
El área de Turismo de la Municipalidad de Avellaneda comenzó a trabajar con este espacio en 2019 y en 2022 se sumó a un proyecto impulsado por el entonces Ministerio de Turismo de la Nación, y en el que también participaban la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR) -encargada de las políticas públicas de saneamiento del río-, la Universidad Nacional de Avellaneda, Vialidad Nacional, la Comuna de La Boca y el Gobierno de la provincia de Buenos Aires. Este proyecto se llamaba “Un puente y sus dos orillas”, pero desde diciembre de 2023, el Gobierno nacional se retiró del mismo y quedó prácticamente a cargo del mencionado municipio bonaerense.
En este marco, la iniciativa logró que el transbordador que cruza el Riachuelo fuera parte de la excursión, pero esto funcionó unos meses. En ese período llegó a haber entre seis y siete visitas por sábado, con 400 personas. Luego, ya sin el transbordador, se hace solo una salida por sábado y a pie.
Los visitantes se reúnen del lado de La Boca, junto al Puente Transbordador, construido en 1914 y que no solo permitía el cruce de personas y carros, sino también del tranvía, que atravesaba el Riachuelo montado en la barcaza. Allí, un guía los recibe y los cruza caminando por el puente vial Nicolás Avellaneda, desde donde se puede disfrutar de una vista panorámica del transbordador y el Riachuelo.
Una vez del lado de Avellaneda, sobre el suelo de la Isla Maciel, comienza un recorrido de una cuadra por Carlos Pellegrini y después por la calle Montaña hasta la esquina con Frías, donde solían estar los cuatro bares históricos de la época de la Avellaneda durante el modelo agro exportador, aunque hoy solo queda un almacén abierto.
Aquí, el guía destaca las locaciones donde se filmaron las películas “El Suplente”, con Juan Minujín y de 2022; y el clásico de 1974 “La Mari”, con Susana Giménez y Carlos Monzón.
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| Una esquina típica de la Isla Maciel hoy. Foto: Turismo MDA. |
Luego se continúa por Montaña hasta la Plaza José Hernández, donde se hace un breve repaso de la vida del bombero José María Montaña, el suboficial que murió en un trágico incendio ocurrido el 10 de junio de 1948 en la isla y que le valió ser recordado no solo en las calles sino también en el cuartel, fundado en 1911 y en el que hay una placa que dice en su honor: “Después de una vida heroica una muerte gloriosa.”
A su vez, se remarca la importancia de los establecimientos deportivos para que los chicos no estén en las calles y cómo el Polideoprtivo 3 de Febrero, sobre Zapiola y frente al lado sur de la plaza, pasó de ser la primera escuela primaria de la zona y un club de barrio precario a un predio de dos plantas, inaugurado en 2015 con baños, vestuarios, una oficina administrativa, buffet, un salón de usos múltiples y una cubierta metálica sobre el playón deportivo.
En la puerta del club se pintó un mural del astro Diego Armando Maradona, en el que se lo ve a él, en su época de jugador de Nápoli sentado sobre una pelota y junto a una pequeña Dalma.
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| El mural del Diez en el frente del Polideportivo 3 de Febrero. Foto: Turismo MDA. |
Esta obra de Suyay Brillaud, Jorge Esteco y Juan Danna sirve de disparador para repasar los murales más importantes de la isla, donde hay unos 700. Muchos de ellos forman parte del proyecto social de arte urbano “Pintó la isla”, una iniciativa de un profesor de plástica de la Escuela Secundaria N° 24 y un grupo de alumnos que nació en 2014 con el objetivo de poner en valor el lugar y que se enmarca en la labor del Museo Comunitario Isla Maciel, creado en ese mismo año también con el impulso de los vecinos que buscan difundir la identidad local.
“Resistiendo desde el barrio”, se autodefine esta iniciativa en sus redes sociales, donde promociona su 11er. Aniversario y la celebración de una nueva edición del festival anual Pinto a la Isla que se llevará a cabo el 13 y 14 de diciembre.
Se trata de una convocatoria a artistas visuales, de paste-up, muralistas y diseñadorxs. Además, durante el resto del año organiza ferias, muestras y talleres.
De esta manera, la isla que ya no es isla se ofrece como una galería a cielo abierto que atrae a artistas de todas partes que llegan para dejar su huella en las paredes de las calles de este barrio con una fuerte impronta.
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| La promo del festival anual de Pintó la isla. Foto: Pintó la isla. |
Con la permanente compañía de un aroma a agua dulce que la brisa trae desde la orilla se llega hasta la Iglesia de Fátima, ubicada sobre la calle Las Heras. Junto a esta se encuentra la Fundación Isla Maciel, la cual surgió gracias a la labor social del Padre Paco en esa parroquia y que realiza una serie de actividades y hasta cuenta con una orquesta propia.
El Padre Paco fue un hombre muy querido por todo el barrio por su facilidad para conectar con los niños y adolescentes. Él salía a las calles para brindar su ayuda a quienes lo necesitasen, se quedaba en la vereda compartiendo charlas con los vecinos y vecinas, alentando a los más chicos a alejarse de las malas juntas, el consumo problemático y a terminar sus estudios.
En la fundación trabajaban en forma mancomunada muchos vecinos del barrio y también ciudadanos solidarios que se esfuerzan para mejorar las condiciones de vida de los que menos tienen.
UN MUSEO EN UNA CASA ESPECIAL
En el numeral 140 de la calle Las Heras se ubica la Casa Museo del Carpintero de Ribera de Horacio Eusebi, el hijo de “Pocho”, el último carpintero de la ribera y cuyas canoas de doble punta, de colores azul, rojo, amarillo, se hicieron famosas en las pinturas del extraordinario Benito Quinquela Martín, cuyo museo se ubica justamente en la orilla opuesta del río, de lado porteño, a metro de Caminito.
| El encanto de un sitio para visitar. Foto: Casa Museo Carpintero de Ribera. |
El Carpintero de Ribera fue un especialista en dejar a punto las embarcaciones de madera desde la época del primer astillero y en la casa museo se detalla el proceso de armado, reparación y calafateo de un bote, medio de transporte fundamental entre el barrio de La Boca y la Isla Maciel.
Horacio es un vecino del barrio que transformó su casa en un museo sobre carpintería naval, el cual visitarse todos los sábados desde 2023.
Según se reconstruye en este espacio histórico, la familia de “Pocho” llegó desde Italia en el verano de 1892 y se instaló en el barrio de Isla Maciel. Enrico y Ana María, los bisabuelos de Horacio fueron parte de los primeros 160 habitantes de la isla, el barrio más antiguo de Avellaneda. Ellos ya contaban con experiencia naviera y consiguieron rápidamente ejercer sus conocimientos traídos de Ancona debido al gran auge agroexportador del momento y la cercanía que tenían con el Riachuelo.
Desde entonces fue tradición familiar la reparación de botes y barcos, llegando ese legado a “Pocho”, quien fuera el ultimo de esos carpinteros navales de La Boca y la Isla Maciel. Y es por eso que su hijo Horacio trabajó muchos años para transformar su casa ubicada a dos cuadras del Riachuelo, en un museo para homenajear a su padre “Pocho”, quien era fanático se Carlos Gardel y tiene un busto del “Zorzal” en el patio de la casa.
| Horacio Eusebi, el anfitrión, junto a los visitantes. Foto: Casa Museo Carpintero de Ribera. |
Horacio cuenta experiencias e historias que describen cómo fue ese barrio en el pasado y, al mismo tiempo, muestra algunos botes, herramientas de carpintería naval, pinturas y fotos históricas. Este gran anfitrión también espera a los visitantes con una picada de lomito y chori bajo el laurel del “Pocho Bar”.
PEGANDO LA VUELTA
La recorrida organizada por Turismo continúa por la calle Las Heras hasta el estadio Dr. Osvaldo Baletto, del club San Telmo, con sus inconfundibles muros pintados de azul y celeste. Esta cancha fue construida en 1929 sobre unos terrenos comprados por la institución a en 1926 al extinto club Sportivo Buenos Aires que en su época de esplendor llegó a jugar en Primera División y hasta logró vencer a River Plate jugando como local en 1925.
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| La cancha del "Candombero". Foto: Turismo MDA. |
Por último, se transita hacia Pellegrini y bordeando la orilla del Riachuelo se describe el trabajo realizado por la ACUMAR para la limpieza del cauce y se vuelve a cruzar a pie hasta La Boca, con la sensación de haber transitado por un barrio repleto de historias, antiguas y también actuales que merecen ser contadas y, sobre todo, recordadas.
AA






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