LA AMIGA DEL PARQUE Y SU COMPROMISO SOCIAL

Eva Hadjuk nació en Polonia, pero debió emigrar a otros países para escapar del terror de la Segunda Guerra Mundial hasta que a mediados del siglo XX arribó a la Argentina, donde se convertiría en una figura destacada de Ranelagh y Bariloche, donde pasó el resto de su vida trabajando por su comunidad. 

El Parque Eva Hadjuk en la estación de Ranelagh.
Foto: Asociación Amigos de la Estación.

El enorme legado de Eva sigue vigente 42 años después de su muerte. Poder habitar su obra resulta verdaderamente inspirador. Y para homenajearla, el 18 de abril se inauguró la muestra
“Semillas en el corazón de Ranelagh” en el Museo Municipal del Golf Roberto De Vicenzo de Berazategui
.

La muestra, que coincide con la celebración del 20mo. aniversario de dicho museo, hace un repaso de los momentos más importantes de su vida a través de imágenes inéditas, especies que ella solía plantar en los parques donde trabajaba incansablemente para embellecerlos y protegerlos, y objetos personales donados por la familia Hadjuk. 

Portada de la muestra sobre Eva. 
Imagen: Museos de Berazategui.

La exposición, a cargo del equipo de la Dirección de Museos Municipales, se la puede visitar los jueves y viernes de 10 a 16, y los sábados y domingos de 14 a 18, hasta el 31 de mayo, en el predio ubicado en calle 132 y 28, en dicho partido de la zona sur del Gran Buenos Aires.

“Esta muestra es resultado de un proceso de construcción compartida, nutrido por memorias, relatos y aportes diversos. En este sentido, queremos agradecer especialmente la participación comunitaria que ha hecho posible reconstruir su imagen e historia”, señalaron desde la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Berazategui, de la que dependen los museos.

Y, además de la muestra, y para celebrar las dos décadas del museo, durante la inauguración hubo otras actividades como juegos temáticos, una presentación del Centro Educativo de Agroecología y un cierre musical a cargo del grupo de tango Arcano.

HUIR DEL TERROR PARA AYUDAR A LOS DEMÁS

En 1952 se estableció en Ranelagh una familia de inmigrantes polacos. Él se llamaba Tadeo Hajduk y su esposa Eva. Se instalaron cerca del amplio predio que rodeaba la estación de trenes, que en ese momento no era más que un enrome pajonal. Pero llegar hasta allí no fue nada fácil para este matrimonio.

Eva Tomczycka de Hadjuk nació en 1921 y era hija de una familia terrateniente de la aldea polaca Tornczycki, donde aprendió jardinería a través de su tía.

Eva aprendió jardinería en su Polonia natal.
Foto: Museos de Berazategui.

A los 16 años conoció a quien sería su compañero para toda la vida, pero a raíz de la invasión a Polonia en la Segunda Guerra Mundial, Eva y su familia fueron deportados a Siberia, donde trabajó junto a su madre en un hospital al cuidado de niños y soldados.

En 1944, Eva logró reencontrarse con Tadeo en Irán y luego ambos se trasladaron a Gran Bretaña. Tuvieron cuatro hijos: Adán, Beatriz, Ana María y Margot, estos dos últimos nacidos en Argentina, donde el matrimonio se instaló en 1948.

Primero se radicaron en Quilmes ya que Tadeo, que era ingeniero, trabajó para un taller regional de la Fuerza Aérea que funcionaba en esa zona. 

Finalmente se mudaron a Ranelagh en busca de aire más fresco y puro para su hijo Adán, quien sufría asma y asistiría junto a su hermana Beatriz al Escuela Privada de dicha localidad, una institución creada en 1949.

PERTENCER A UN LUGAR

Una vez que echaron raíces en su nuevo hogar, y luego de haber estudiado floricultura, ikebana y parquización, en 1958 Eva comenzó a trabajar junto a un grupo de vecinos en la construcción de un parque en el predio de la estación de trenes de Ranelagh y las primeras reuniones se llevaron a cabo en el Club de Paleta, ubicado frente a esta terminal desde 1936.

Eva trabajando en el parque de la estación de Ranelagh.
Foto: Museos de Berazategui.

Así fue que ese terreno de siete hectáreas cubierto de pajonales se fue convirtiendo en un parque con más de ochenta especies de flora autóctona, entre ellas el abedul, la preferida de Eva, dado que le recordaba a su infancia en su país.

Otras especies autóctonas que embellecen el parque son araucaria, aguaribay, ceibo, guaran amarillo, jacarandá, lapacho, ombú, palmera pindó, palo borracho y tala.

Luego, en 1970 se creó la Asociación Amigos de la Estación -de la que Eva fue la madrina- con el objetivo de preservar y mantener el trabajo que ella había realizado junto a los vecinos. Se trata de una organización civil y sin fines de lucro que se mantiene con el aporte de sus socios.

Desde el 9 de septiembre de 1971, esta asociación tomó posesión formal de las tierras que rodean la estación estrictamente con fines de parquización, según consta en el “Acta de entrega” y en el plano de Ferrocarriles Argentinos.

Por su parte, Tadeo, que era ingeniero, se especializó en energía atómica y en 1977 recibió una oferta laboral y se trasladó al Instituto Balseiro, en Bariloche, por lo que Eva debió dejar su querida Ranelagh.

Cuando llegó a Bariloche, la mujer trabajó en la comisión de Amigos de la Capilla San Eduardo. Se ocupó de una serie de arreglos y de reemplazar los vitraux realizados por los artistas Vicente Forte y Vázquez Málaga que se habían deteriorado por el paso de los años. También se encargó del diseño y mantenimiento del parque de este templo.

A comienzos de 1984 se colocó en la estación de Ranelagh, como una especie de monumento alusivo, una locomotora a vapor 3333 y se le dio al parque el nombre de Eva, quien regresó de Bariloche para ser parte del evento en su honor.

La creadora del parque junto a la locomotora donada en 1984.
Foto: Museos de Berazategui.

Finalmente, Eva falleció el 4 de julio de ese año en Bariloche, donde la llamaban la ¨Servidora de la Capilla¨ y en 1985 Tadeo pudo ver los nuevos vitrales por los que trabajó ella.

“En Llao Llao vivimos en un paraíso terrenal, pero no tengo aquí, ni nunca tendré, el calor humano con el cual me rodeaban mis amigos de Ranelagh. Yo pertenezco a Ranelagh”, recordó Tadeo en su libro “Eva Hadjuk” que su esposa le confesó poco antes de morir.

El 17 de septiembre de 1992 el parque Eva Hadjuk fue declarado de Interés Provincial. Un año antes, en 1991, la Municipalidad de Berazategui había declarado este hermoso y amplio espacio como Bien Cultural.

Mientras que en 2006 el “Galpón de la Estación” fue cedido definitivamente a la asociación amadrinada por Eva y se convirtió en su sede oficial.

A su vez, en febrero de 2013, esta sede también funciona como “Galpón Cultural”, un espacio para la comunidad que surgió por iniciativa de los propios vecinos, como en su momento lo hizo Eva con la forestación del parque que, además, cuenta con otros paseos, como el realizado en homenaje a Beatriz, la hija de Eva y Tadeo fallecida en un accidente, y otros dedicados a figuras de la historia local, como el maestro De Vicenzo y Alberto Campitelli, jefe de la estación en la época en que se inició la construcción de este emblemático predio.

Otra pieza del patrimonio material de este predio es la fuente “La Semana”, una obra realizada por la artista plástica Norma Cistaro –esposa del reconocido pintor Ludovico Pérez, ilustre vecino de Berazategui- en las instalaciones del galpón. Su construcción duró casi tres años. Fue hecha con la técnica de modelado directo y en hierro, cemento y marmolina Donada por el Rotary Club en noviembre de 2007 y en julio de 2024 se encargaron de hacer una puesta en valor de la misma.

OTROS ESPACIOS Y SUS PROTAGONISTAS

No es casual que la muestra sobre el valioso legado de Eva se lleve a cabo en el Museo del Golf de Berazategui, el cual funciona en un predio que en sus orígenes fue el casco de estilo neocolonial de una estancia que contó con un invernadero, arboretum que hoy luce una araucaria centenaria que anida decenas de cotorras estridentes y hasta zoológico privado. Es decir, que allí se vivía en contacto directo con la naturaleza, como le gustaba a ella.

El museo que funciona en una antigua casona de 1923.

Dicha estancia se llamó “La Sorpresa” en honor a la yegua preferida del aristocrático Rodolfo Mansilla y su esposa, María Luisa López, los dueños del predio, el cual fue construido en 1923 y alberga desde aquel entonces una serie de obras que el gran ceramista español Fernando Arranz realizó especialmente para ellos.  

Por las vueltas del destino, ese mismo año nació Roberto De Vicenzo en el seno de una familia humilde y de origen italiano que residía en el otro extremo del conurbano, en Villa Ballester, partido de San Martín.

Recién en 1941, Roberto se mudaría a Ranelagh para trabajar dando clases en el Golf Club local, que ya funcionaba desde 1924, y desde allí desarrolló una carrera formidable por todo el mundo, ganando 231 torneo, entre ellos el Abierto Británico de 1967, y dos Premios Olimpia.

En el club conoció también a su futura esposa y madre de sus dos hijos, Delia Castex. quien se transformaría luego en otra apasionada de la flora local. De hecho, fue directora del Club Argentino de Jardinería y el antiguo invernadero de la estancia lleva actualmente su nombre.

El maestro y su esposa celebrando en el Golf Club.
Foto: Museos de Berazategui.

Si bien el público que suele visitar el museo -que abrió sus puertas en 2006 y es sede del Centro Cultural Municipal 11- siempre se lo pregunta, Roberto nunca vivió en La Sorpresa, que entre fines de los cincuenta y principios de los ochenta, y luego de pertenecer a otros propietarios como los Laperne, se convirtió en la principal avícola de la provincia de Buenos Aires hasta su cierre definitivo.

Por su parte, el mejor golfista argentino de la historia vivió hasta sus últimos días -falleció en junio de 2017, mientras que Delia lo hizo en febrero de 2021- frente al parque de la estación de trenes de Ranelagh, en un chalet que hoy funciona como un centro cultural en el que se dictan clases, cursos y talleres, y se llevan a cabo distintas actividades artísticas.

Cruzando el parque de la terminal ferroviaria en diagonal se ubica en club de Golf en el que trabajó Roberto y en el que se levantó una estatua en su honor.

Todos estos sitios se pueden unir en un recorrido de a pie de poco más de dos kilómetros que parte del museo, pasa por el chalet de Roberto, da una vuelta a la estación y llega al Golf. En este circuito se encuentran, entre otros sitios de interés, el parque de Eva, la locomotora, la casona de la familia Ayerza de principios de siglo XX, el Club de Paleta y La Casita de la Estación, una construcción que formó parte del inmobiliario original de la terminal y que la Municipalidad restauró para que desde 2022 funcione como un lugar en el que se ofrecen actividades para que las infancias jueguen, se diviertan y aprendan.

Durante el trayecto se transita por calles arboladas y por el frente de las construcciones estilo Tudor hechas por los británicos que trajeron el tren en 1911 y que forma parte de la Línea Roca.

Ranelagh es una ciudad jardín que aún conserva sus aires de pueblo, más allá de que en los últimos años proliferaron los comercios e inmuebles modernos.

Los altos y frondosos plátanos todavía forman túneles de sombra a lo largo y a lo ancho de los barrios que rodean la estación. “Ranelagh es más linda con sus árboles sin podar”, solía decir Eva y tenía razón.

Estar allí, cara a cara con la naturaleza es toda una experiencia. Cómo en el camino de las casuarinas que bordea el museo y en el que oye la inconfundible melodía que suena cada vez que sopla el viento y se mezcla con el canto de los pájaros: una invitación a pasear, contemplar y reflexionar.  

MÁS ALLÁ DEL GOLF

Las salas expositivas del museo se encuentran en la casona del matrimonio Mansilla-López y conserva gran parte de su estructura original, como los pisos, las herrerías y las aberturas. Solo se cambiaron las tejas y al sector del centro cultural se le sumó un salón de usos múltiples.

En la plata baja se repasa la vida de De Vicenzo y los momentos más importantes en su carrera profesional. Hay muchas pertenencias del maestro que él mismo donó en vida como palos, pelotitas, prendas de vestir, fotos y una gran cantidad de trofeos.

Mientras que en la planta alta se exponen contenidos sobre la historia universal del golf, desde sus comienzos hasta convertirse en el deporte profesional actual. Las imágenes y textos aquí también son acompañados por pinturas de artistas locales que no solo han retratado al maestro sino también las distintas etapas de este juego y a sus protagonistas.

Un parque para compartir en comunidad.
Foto: Asociación Amigos de la Estación.

Por último, en el parque que rodea la casona, entre el
arboretum y junto al invernadero, funciona una pista de mini golf, donde los más chicos y estudiantes de escuelas de la zona suelen divertirse durante las visitas guiadas y otras actividades que lleva a cabo la Dirección de Museos para que este espacio sea un punto de encuentro para los vecinas y vecinas que en muchos casos suelen acercarse al predio a disfrutar un rato al aire libre y rodeado de un patrimonio natural y cultural especial.

AA

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