UNA GESTA A PURO CORAJE PARA DEFENDER LA SOBERANÍA
“Prefiero irme a pique antes que rendir la bandera”, afirmó el almirante, quien resultó gravemente herido, al igual que el comandante de la fragata en la que se encontraban a bordo, soportando heroicamente las balas de cañón del enemigo.
Esta frase inmortal se produjo hace dos siglos, entre el 29 y 30 de julio de 1826, cuando la flota de las Provincias Unidas del Río de la Plata, al mando de Guillermo Brown, se enfrentó a los invasores brasileños frente a las costas de Quilmes, en la zona sur del actual conurbano bonaerense, cuyas orillas ya habían sido escenario de otro cruce bélico clave para la historia argentina, cuando los criollos repelieron, por segunda vez, a los ingleses, en 1807, en la época en que todavía existía el Virreinato, creado el 1 de agosto de 1776 (hace 250 años) y que desapareció con la declaración de independencia el 9 de julio de 1816.
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| Acuarela de E. Biggeri. Foto: Museo Naval de la Nación |
En tanto, el conflicto con los vecinos descendientes de los conquistadores portugueses se debió a la disputa por la Banda Oriental (hoy Uruguay) que en 1825 se había independizado del Imperio de Brasil y unido a las provincias rioplatenses, ante lo cual, los brasileños les declararon la guerra, que se extendió hasta 1828.
En la batalla, Brown decidió comenzar el ataque la noche del 29, aprovechando la oscuridad, y defendió nuestro territorio con solo dos embarcaciones: la fragata 25 de Mayo -la insignia y comandada por Tomás Espora- y la goleta Río -a cargo de Leonardo Rosales-, mientras que los enemigos contaban con una flota de 23 naves.
Por la mañana del 30 se reanudaron los ataques y la derrota parecía inevitable. Combatiendo en desventaja y sin cesar, lograron que los brasileños finamente se retiraran a Colonia de Sacramento, aunque la 25 de Mayo quedó destruida.
“Hemos batido pero no rendido a los buques enemigos”, dijo Brown en una clara lección de coraje y soberanía que serviría para lograr el triunfo definitivo en 1827 con las batallas de isla Juncal (en la desembocadura del Río Uruguay, donde también intervino el gran marino) y Carmen de Patagones.
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| Guillermo Brown. Foto: redes. |
Y si bien la batalla terrestre de Ituzaingó fue decisiva para el triunfo, los tres combates navales resultaron cruciales para romper el bloqueo marítimo a Buenos Aires con el que los brasileños invasores buscaban asfixiar a su enemigo.
HOMENAJES AL ALMIRANTE
En la localidad quilmeña de Bernal funciona el Museo Histórico Regional “Almirante Brown” para recordar y poner en valor el legado del héroe naval que nació en Foxford, Irlanda, el 22 de junio de 1777 y falleció en Buenos Aires el 3 de marzo de 1857.
Naturalizado argentino, se convirtió en almirante de la marina de guerra y comandante de las fuerzas navales patriotas durante gran parte de la Guerra de la Independencia.
Los espacios, monumentos y nomenclaturas en honor a Brown se repiten por todo el país, aunque debido a la épica batalla de 1826, en Quilmes cobra un sentido especial. Por eso, el museo homónimo invita a conversar sobre la historia de la región y su gente. Su propuesta se aborda a partir de cuatro dimensiones: tiempo, espacio/territorio, protagonistas y trabajo/hacer/subsistencia.
Este espacio fue fundado el 15 de diciembre de 1952 e inaugurado el 6 de agosto de 1963. En el patio central de la casa chorizo se evoca la historia del museo. También ahí se puede escuchar la caja de música. Además, se pueden consultar libros con temáticas asociadas al museo en la biblioteca y disfrutar de libros para niñas, niños y jóvenes.
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| El Museo Brown en Bernal. Foto: Quilmes Culturas. |
El lugar tiene pictogramas, audios, asientos en todo el recorrido y baño para personas con discapacidad física. También cuenta con un circuito marcado en el piso para hacer una visita de manera autogestiva.
Hay muestras temporales propuestas por colectivos de artistas que se suman a la permanente. La agenda propone, a su vez, visitas, conciertos y ferias de emprendedores culturales. Además, están los “talleres barriales” en los que se dictan cursos de literatura, música popular, danzas, macramé, dibujo y pintura.
En su acervo se destacan dos objetos principales:
-El cardador de lana: un instrumento fundamental en el proceso de transformación de la lana desde su estado natural hasta convertirse en un material apto para hilado y fabricación textil. Su función principal es desenredar, limpiar y alinear las fibras de lana, eliminando impurezas como suciedad, grasa y restos vegetales, y preparándola para procesos posteriores como el hilado o el fieltrado. Tradicionalmente, este proceso se realizaba manualmente con herramientas como cardas y peines, pero con la industrialización, se desarrollaron máquinas cardadoras que automatizaron el proceso.
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| El cardador de lana. Foto: Museo Brown. |
-La caja de música: esta enigmática pieza alemana de la marca Lochmaln´s fue traída en barco a fines del siglo XIX y viajó semanas cruzando el Atlántico, hasta llegar al puerto de La Plata. Con su carcasa de madera tallada y su mecanismo de precisión, pronto se convirtió en una rareza apreciada en las tertulias.
La caja funciona a cuerda, mediante una manivela que activa un complejo sistema de resortes y cilindros dentados. Pero lo más fascinante son sus 37 discos perforados, cada uno con una melodía distinta. Al colocar un disco y girar la manivela, los agujeros en el metal guían unas diminutas púas que hacen vibrar las láminas de acero, llenando el aire de notas cristalinas.
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| La caja de música alemana. Foto: Museo Brown. |
Además, el museo cuenta con una muestra sobre Adela García Salaberry, la reconocida docente, poetisa, feminista y periodista oriunda de Bernal: “Una mujer bernalense tan histórica y tan actual”.
Por otro lado, en la Plazoleta de los Suspiros, en el barrio porteño de La Boca, se llevó a cabo una ceremonia conmemorativa por el 200° aniversario del combate naval de Quilmes, con la presencia del Estado Mayor General de la Armada, almirante Juan Carlos Romay; descendientes de Brown e invitados especiales.
Durante el acto, el capitán de corbeta historiador Sebastián Emiliano Morán se refirió a la actitud con la que Brown, Espora, Rosales y el resto de los marinos abordaron la batalla: “Frente al despliegue abrumador de unidades y cañones, nuestros marinos avanzaron sin más amparo que su propia hidalguía. Carecían de medios suficientes, sí, pero sostuvieron la línea con firmeza inquebrantable, transformando esa desventaja en un ejemplo de lealtad suprema hacia su causa”.
Y al finalizar se ejecutaron cañonazos de salva desde tierra y desde el agua, de la lancha patrullera ARA “Punta Mogotes” y la antigua goleta "Remanso", actual museo flotante que tiene su amarradero en la Vuelta de Rocha, en La Boca.
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| Las embarcaciones de la ceremonia en La Boca. Foto: argentina.gob.ar |
LA MOARADA DEL HÉROE
En 1812, Brown compró una amplia extensión de tierras que abarcaban parte de los actuales barrios de La Boca y Barracas. Un año antes se había instalado en la misma zona el escocés Matthew Reid, quien construyó la primera casa amarilla del lugar en la barraca frente al Parque Lezama.
Cuando Reid y Brown se conocieron, el marino residía transitoriamente en la fonda Los Tres Reyes, ubicada en la manzana de Bartolomé Mitre, Perón, Reconquista y 25 de Mayo. A partir de ahí se inició una amistad, luego fueron vecinos.
Brown adquirió al sacerdote fray José Ramón Grela, del Convento de Predicadores, una quinta, ubicada en el bañado de Santa Lucía, sobre la actual avenida Martín García cerca del mencionado parque.
En ese terreno, Reid, construyó entre 1813 y 1814, la famosa residencia de los Brown sobre el modelo de su propia casa y la pintó de color amarillo como la suya. Esto llamaba la atención en una ciudad donde casi todas las paredes estaban encaladas de blanco o coloreadas con “sangre de toro o de buey”. Con el paso del tiempo, la calle donde estaba la casa del marino pasó a tomar su nombre.
Años después, entre 1818 y 1819, Brown se refugió en la quinta de su amigo Reid donde intentó suicidarse. “Hacia mediado de septiembre de 1819 enfermé de fiebre tifoidea. Privado de mi razón, el día 23 me arrojé desde la azotea de la casa del señor Matthew Reid, de tres pisos, rompiéndome el fémur y cometiendo otros actos que, espero, el Todopoderoso me ha de perdonar. Después de este accidente estuve seis meses en cama acostado de espalda sin poder mover un miembro o mi cuerpo. Sólo sabe Dios lo que sufrí", recordó el propio almirante, quien en adelante padeció una renguera como secuela y aun así se destacó en cada una de las batallas que libró.
El legado de Brown llevó a que, en 1865, cuando se inauguró el ferrocarril oeste a La Boca, el recorrido inicial tuviera las siguientes estaciones: Venezuela (cabecera) - Casa Amarilla – General Brown – Barraca Peña – Tres Esquinas.
El viaducto finalizaba en la actual avenida Paseo Colón a pocos metros de Garay, donde se estableció la estación “Casa Amarilla”, por estar ubicada en terrenos linderos a la casa de Reid, quien murió en 1835, aunque su famosa vivienda recién fue demolida en 1913.
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| La recreación actual de la "Casa Amarilla" |
Mientras que, tras la muerte del gran marino irlandés en 1857 y en su domicilio de La Boca, los terrenos de la finca -delimitados hoy por las avenidas Martín García, Almirante Brown, Wenceslao Villafañe e Irala- se lotearon y la edificación original también fue demolida.
Mucho tiempo después, en 1983 se inauguró un edificio que recrea fielmente la fisonomía exterior de la residencia de Brown y que está ubicada plenamente dentro del circuito turístico y deportivo de La Boca, en avenida Almirante Brown 401, muy cerca del complejo de entrenamiento del Club Atlético Boca Juniors conocido popularmente como "Casa Amarilla". Y en su interior, a su vez, funcionan instituciones oficiales como el Instituto Nacional Browniano y el Departamento de Estudios Históricos Navales.







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