CAMBIO DE MIRADA: DE LA RAZA A LA DIVERSIDAD

En 2010, el 12 de octubre abandonó su denominación tradicional para transformarse en una jornada dedicada al pluralismo cultural. Una nueva perspectiva que propuso revisar el pasado y reconocer la memoria viva de las comunidades originarias y las identidades populares en el territorio bonaerense.

Los alimentos que unen a los pueblo originarios con su tierra.
Foto: Comunidad Punta Querandí.

Hay palabras que terminan envejeciendo antes que los almanaques que las contienen. Durante casi un siglo, el 12 de octubre cargó con una de ellas: “raza”, una etiqueta rígida que congelaba el relato histórico en la travesía de las tres carabelas de Cristóbal Colón en 1492.

La Santa María de Colón. 
Foto: Wikimedia Commons.

Aquella narrativa escolar tradicional priorizaba el desembarco europeo mientras relegaba a las civilizaciones preexistentes al papel de meras decoraciones del paisaje continental. Con el paso de las décadas, ese enfoque terminó cubriendo con un manto de amnesia las complejas dinámicas de los pueblos que ya poblaban y moldeaban este suelo.

Sin embargo, el lenguaje es un organismo vivo que muta cuando se transforma la sensibilidad de una época. En 2010, mediante el Decreto 1584, la Argentina desmanteló formalmente esa denominación decimonónica para instituir el Día del Respeto a la Diversidad Cultural.

No se trató de un simple retoque cosmético en la agenda de los feriados nacionales, sino de un viraje profundo en la perspectiva. El nuevo enfoque propuso correr el centro de la conquista europea para afinar el oído hacia las voces, saberes y reivindicaciones de las comunidades originarias y el entramado patrimonial de los pueblos bonaerenses.

Pintura sobre la llegada de Colón a América. Obra de 1852 de John Vanderlyn.
Foto: Wikimedia Commons.

Para comprender el alcance de este giro paradigmático no hace falta recurrir a la abstracción de las leyes ni a las páginas de los manuales escolares. Basta con transitar la provincia de Buenos Aires, donde la memoria ancestral y la identidad colectiva palpitan en la geografía, en las instituciones locales y en la cotidianidad de sus habitantes.

La estirpe de Coliqueo y la presencia viva en la pampa

En la ciudad de Los Toldos, cabecera del partido de General Viamonte, el pasado no es un eco lejano: es la masa madre de la identidad local. La génesis de esta comunidad está indisolublemente atada a la figura del cacique Ygnacio Coliqueo, quien condujo a su tribu a través de un largo periplo transandino desde La Araucanía.

Hacia 1861, tras establecer un pacto territorial en el paraje conocido como Tapera de Díaz, la comunidad logró afincarse definitivamente en suelo bonaerense. Aquel asentamiento original bautizó involuntariamente a la futura ciudad y tejió un entramado social único que perdura hasta el presente.

Sus descendientes caminan hoy las mismas calles, conservando una cosmovisión que se resiste a la erosión del tiempo. La presencia mapuche no habita una pálida evocación en los libros, sino que se manifiesta en las decisiones comunitarias, en la gastronomía y en los nombres que nombran la tierra.

Allí, el patrimonio cultural se despliega como un circuito orgánico y palpitante. El recorrido encuentra su eje de divulgación en el Museo Histórico Ygnacio Coliqueo, inaugurado en 2026 y donde se resguardan fotografías, documentos y objetos personales del célebre líder de la tribu.

Museo Histórico Ygnacio Coliqueo en Los Toldos.
Foto: Municipalidad General Viamonte.

Pero la experiencia desborda rápidamente el marco museológico para adentrarse en la Ruka o Casa Cultural Mapuche, un santuario comunitario de resistencia y transmisión. En sus aulas se dictan talleres de telar y de lengua mapuzungun, haciendo que la palabra ancestral circule entre los jóvenes como una herramienta viva para nombrar el mundo.

Es allí también donde se celebra el We Xipantv —el año nuevo o retorno del sol—, una festividad que reúne a las familias para renovar sus lazos espirituales con la naturaleza. Durante esa jornada, el fuego y las oraciones recuerdan que el ciclo de la vida está íntimamente ligado a la renovación de la tierra.

A este entramado se suman sitios naturales como la laguna La Azotea y La Olla (Kelu Wincul), considerados por la comunidad como espacios de una profunda significación sagrada. En estos parajes, el paisaje deja de ser un mero entorno físico para convertirse en un contenedor de relatos y memoria espiritual.

El solar natal de Evita: la infancia en el campo bonaerense

Pero la memoria de Los Toldos guarda además otro hito fundamental de la historia popular argentina. En la intersección de las calles Eva Perón y Belgrano se conserva la casona de ladrillos a la vista donde el 7 de mayo de 1919 nació María Eva Duarte.

La modesta vivienda familiar, convertida hoy en el Museo Casa Natal María Eva Duarte de Perón, resguarda los años de infancia de quien se convertiría en la figura femenina más trascendente de la política nacional. Las salas del museo exhiben fotografías de época, documentos familiares y objetos cotidianos que reconstruyen su vida antes del traslado a Junín en 1930.

La casa natal de Evita junto al Museo Provincial en su honor
Foto: Municipalidad General Viamonte.

El recorrido por el museo permite comprender cómo el paisaje de pampa abierta y las desigualdades sociales de la época moldearon el carácter de Evita. La puesta en valor de esta casa histórica recupera la dimensión humana de su figura y la reconecta directamente con sus raíces rurales bonaerenses.

En este espacio, el visitante puede recorrer las habitaciones originales donde transcurrió la primera infancia de la joven Eva junto a su madre Juana Ibarguren y sus hermanos. La casa natal funciona como un puente de memoria viva que dialoga con los demás hitos culturales del municipio.

El cruce con la tradición quesera y los festejos de octubre

Este 11 y 12 de octubre de 2026, el fin de semana del respeto a la pluralidad cultural coincide en Los Toldos con una de sus celebraciones comunitarias más convocantes: la edición anual del Festival del Queso. La festividad rinde homenaje a una tradición productiva iniciada a mediados del siglo XX por inmigrantes suizos y holandeses que se afincaron en la zona.

Aquellas familias pioneras fusionaron sus saberes europeos de elaboración de queso Gouda con las costumbres de las tambos locales, dando origen a la denominación de origen del popular "Queso de Los Toldos". El festival reúne en un mismo predio a productores artesanales, gastronómicos y artesanos de todo el distrito.

El público en el Festival del Queso.
Foto: General Viamonte Turismo.

Durante ambas jornadas, los visitantes pueden participar de catas guiadas, degustaciones, espectáculos musicales al aire libre y demostraciones de ordeñe e hilado. El evento celebra el encuentro entre el trabajo rural, el saber artesanal y la integración de distintas corrientes inmigratorias con la comunidad local.

La coincidencia de la festividad gastronómica con el feriado de octubre transforma al partido de General Viamonte en un punto de atracción integral. Un fin de semana donde el turismo cultural, la memoria histórica y la producción artesanal convergen en el mismo territorio.

Punta Querandí: el humedal como trinchera del presente

Si en las llanuras de General Viamonte la historia se preserva en la continuidad de la estirpe y la tradición popular, en el Delta del Paraná la memoria se defiende a orillas del agua. En el partido de Tigre, cerca de Dique Luján, emerge Punta Querandí, un espacio comunitario nacido como bastión de resistencia frente al avance inmobiliario.

En este rincón donde se cruzan los ríos y la vegetación tupida, los debates sobre la pluriétnica se traducen en hechos concretos. El lugar nació cuando vecinos y descendientes de pueblos originarios descubrieron la existencia de yacimientos arqueológicos amenazados por las maquinarias.

Una de las lagunas del Dique Luján.
Foto: Punta Querandi.

A partir de allí se articuló una lucha colectiva centrada en la protección del patrimonio, la demanda por la propiedad comunitaria de la tierra y la restitución de restos humanos ancestrales. Este trabajo constante permitió recuperar no solo piezas cerámicas de un valor inestimable, sino también la dignidad de los antiguos pobladores del juncal.

Punta Querandí expone con crudeza que las demandas indígenas no atañen únicamente al pasado colonial. Por el contrario, se cruzan directamente con los dilemas contemporáneos sobre quién tiene el derecho de habitar un territorio y de qué manera se protegen los ecosistemas autóctonos frente a la especulación.

El espacio funciona además como un taller a cielo abierto donde se dictan cursos de cestería en junco, alfarería y construcción en barro. De este modo, la defensa del suelo se hermana con la reactivación de oficios y saberes que corrían el riesgo de desaparecer.

El mapa de un nuevo enfoque

Quizás el verdadero triunfo del cambio de denominación estribe en esa sencilla pero radical operación mental: sustituir la celebración acrítica por la reflexión profunda. El 12 de octubre ocupa exactamente el mismo casillero en el almanaque, pero las preguntas que exige formular son diametralmente opuestas a las de antaño.

Ya no se trata de computar carabelas ni de ensalzar un desembarco distante, sino de girar la cabeza y observar lo que nos rodea. Preguntarse qué saberes sobrevivieron al silenciamiento, qué comunidades sostienen sus lenguas y qué historias esperan todavía ser escuchadas en nuestro propio suelo.

Pueblos como Los Toldos y espacios comunitarios como Punta Querandí demuestran que la historia no está petrificada. Sigue escribiéndose día a día a través de la resistencia, la enseñanza y el cuidado del patrimonio colectivo.

Ilustración de los pueblos originarios bonaerenses, según Ulrico Schmidl, en 1599.
Foto: Wikimedia Commons.

El calendario conservó su fecha en el almanaque. Lo que cambió para siempre, afortunadamente, es la perspectiva.

Así, lo que comenzó como la transformación de una fecha en el calendario se materializa hoy en una verdadera ruta bonaerense de la diversidad cultural. Desde la Pampa húmeda en Los Toldos —donde la herencia mapuche de la tribu de Coliqueo entrelaza sus raíces con las tradiciones productivas del Festival del Queso— hasta el corazón del Delta en Punta Querandí y la cuenca del Río Luján, el territorio provincial se revela como un mapa vivo de identidades entrelazadas. Conectar estos puntos no es solo trazar un itinerario geográfico o turístico; es reconocer que la memoria de nuestros pueblos originarios, la soberanía sobre los bienes naturales y la riqueza de la inmigración no son capítulos aislados del pasado, sino los cimientos sobre los cuales se sigue construyendo la identidad bonaerense del presente.


AA

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